Las consecuencias de los cambios laborales introducidos por la pandemia han hecho emerger un nuevo y boyante mercado. Con un trabajo en remoto convertido en obligación, las aplicaciones de teletrabajo y colaboración viven una época dorada, adoptadas masivamente y siendo capaces de mover miles de millones de euros. ESe ha abierto la veda de la que está llamada a convertirse en una de las guerras de la década en el sector tecnológico.

El nuevo contexto impone ofrecer herramientas integrales a los empleados. Con un solo clic, desplegar todo lo que demandan. Bien sea un chat con sus compañeros, controlar fechas de entrega o reunirse mediante una videollamada. Aquí está el campo de batalla donde compiten ahora mismo la mayoría de organizaciones. Donde quieren posicionarse como líder indiscutible.

La emergencia sanitaria ha acelerado una realidad presente tiempo atrás, aunque menos trascendente. La guerra empresarial a la que asistimos parte de figuras como el nómada digital o el incremento de trabajadores autónomos. Poco a poco, el puesto físico ha perdido peso en el seno de las empresas. “Ahora es el gran mundo corporativo el que quiere adaptarse a un fenómeno ni mucho menos reciente. La gente de Linux, por ejemplo, se coordinaba a través de un foro y un chat. La historia de Internet demuestra que siempre aparece alguna aplicación estrella. En este caso, en su momento fue Messenger y ahora se llama Slack o Wrike“.

Los datos evidencian el impacto del teletrabajo en todo el mundo. Solo en España, de acuerdo con un estudio de Randstad, se ha disparado un 216,8% en comparación con el año previo a la pandemia. Más de tres millones de ocupados trabaja habitualmente desde casa cuando en 2019 esta cifra ni llegaba al millón. Ante esta realidad, el atractivo por las aplicaciones colaborativas resulta evidente. “Con el coronavirus, el puesto de trabajo está donde yo quiera y modifica las herramientas que necesita cada empleado. Estamos cambiando el concepto de trabajo”.

Evolución constante

La irrupción de las plataformas colaborativas solo supone una evolución más de un engranaje laboral que cambia a marchas forzadas. La redefinición del concepto trabajo, como destaca Morcuende, conlleva algunas derivadas, como favorecer la inteligencia artificial, la automatización, el contenido y el big data. Por debajo de estas tecnologías, a modo de integración, es donde las apps de teletrabajo desempeñan un papel indispensable. Alrededor de ellas se crea buena parte del nuevo entorno profesional. “La tendencia es concentrar el máximo de soluciones posibles con la intención de aportar un valor añadido a partir de la analítica de datos y la inteligencia artificial”, sostiene.

Al margen de tendencias aceleradas por la pandemia, la economía mundial observa cómo llega a su fin la era del software como servicio (SaaS) —programas que permiten a los usuarios conectarse a aplicaciones basadas en la nube a través de Internet y usarlas—. Por mucho que facilite la creación de servicios y productos a distancia, ha dejado de ser diferencial y rentable debido a la saturación del mercado, lo que ha impulsado casi de inmediato el acercamiento a una tecnología como la del trabajo en remoto. “Las compras de Slack y Wrike forman parte del progreso innovador que se avecina en los próximos 10 años”, argumenta Morcuende.

Todavía falta tiempo para abandonar la crisis del coronavirus y conocer de pleno todos sus efectos, pero el mundo tecnológico ya está inmerso en ciertas guerras que determinarán qué empresas saldrán más reforzadas de la convulsión. Y lo que casi ningún experto niega es que afrontamos una nueva etapa dominada por la innovación, presente en más y más apartados de la vida diaria. “La extensión del teletrabajo y mantener a la gente conectada se acelera al estar recluidos. La covid lleva a introducir, de una manera u otra, este tipo de productos”.

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